Bailo como tú

Paso a veces muchos minutos escuchando el ruido que hace el frigorífico. Hace un ruido por detrás, creo, como de circuitos que se mueven, ímpetus que se encienden y se apagan, hacen ruidos en frecuencias bajas que una vez que empiezas a oír ya ni puedes obviar. Como el ruido del mar. Si consigues abstraerte desaparece. He dejado de comer cada cosa que no les gustaba a mis parejas. Pero ha pasado el tiempo ya no recuerdo quién odiaba las olivas y quién el atún en lata. Da igual, la realidad es que ya no tengo ni como ninguna de esas cosas. Pero pienso mucho en ti. El psicólogo dice que es algo físico. Claro que es algo físico, eso ya lo sé yo. Lo dice como para quitarle importancia. No te preocupes, no estás loco, es algo físico. A mí no me importa que sea físico, psíquico o psicosomático. A mí me duele y no paro de pensar en ti haga lo que haga. Bailo como tú. Me di cuenta el otro día. Estaba saliendo de la ducha y mientras me secaba hice un gesto de baile (gesto de baile, qué expresión) que era tuyo. No sé explicarlo, eso como de levantar un poco los brazos y girar la cabeza a ambos lados con los morritos apretados. Es muy tonto, pero bailo como tú. Me está pasando más veces.

Otro día estaba comiendo con mis tíos, intento no hablar nunca sobre mis relaciones para no tener que ponerles al corriente de cada paso y odio decir “bien bien todo bien” sin parar, piensan que soy gilipollas, o que no me entero de nada, o que pienso que no me entero de que ellos se enteran de todo. Y he dicho una palabra muy tonta que solo recuerdo oírtela decir a ti. Tontopollas. La he dicho por dentro. No eres la única persona del mundo que la dice, pero tú la decías sonriendo entredientes y a mí me gustaba mucho adivinar las veces que lo hacías. Ahora insulto como tú.

Pienso en ti tan fuerte a veces que te siento. Me dice el psicólogo que eso es físico. Qué hostia tiene. Que la ausencia es física me dice. Ya, claro, claro que es física. Me lo dice siempre como si no importara porque es físico y él cura lo psíquico, entonces he pensado que tal vez para curar tu ausencia física debería ir al fisicólogo, y no al psicólogo, y luego he pensado que eso no existe así que de tendré que ir al profesor de educación física de mi colegio a ver qué me dice. O al fisio. Me duele esta ausencia aquí en el pecho, le diré, y él que me dé masajes.

Estaba cambiando de canal y me equivoqué de botón porque tenía el mando al revés. Los hacen tan bonitos y ergonómicos que no sabes si está al derecho o al revés. Y al mirar mi mano creí ver la tuya. Te lo juro. Sentí que mi mano era tu mano. Me recorrió un escalofrío y levanté la mirada al techo rápido. Entonces apretaba el mando y sentía que mi mando era tu mando. Notaba el mando grande y torpe de tu casa, no el lindo y delicado de la mía. Y repasé los botones para cerciorarme de que tu mano era mi mano y tu mando mi mando y al volver a bajar la mirada era de nuevo yo.

Qué cosas.

He tenido otras ausencias pero la tuya me devora. Veo tu nombre en el nombre de todas las cosas. Elijo las películas que veo para que te gusten. Como si mis ojos fueran tus ojos. Como si mi oído fuera el tuyo pongo las canciones que te gustan y llega el wrapped de Spoti cada año y es tu lista de más escuchados la que parece que me envían.

Saltó un poco de aceite en mi brazo el otro día. Estaba haciendo una tortilla y por algún motivo cocino cada vez peor. Tú odiabas cocinar. Yo adoraba cocinarte. Aprendí a cocinar para cocinarte a ti. Para hacerte feliz y que pusieras esas caras que pones de niña pequeña cuando comes, que es ahora la cara que pongo yo. Pues me cayó aceite el otro día y al tocarme el brazo sentí tu brazo. Tu forma, delgada, limpia, suave, firme. Miré de reojo y te juro que mi brazo era tu brazo y en vez de romper el embrujo me quedé acariciando un rato el brazo nuestro mutado. Hasta que se me pasó.

Esta noche me he despertado entre sudores. Sofocado. Cachondo. No entendía nada. Hace unos días tuve un sueño que no era mío. Eso se sabe. Cuando uno tiene un sueño que no es suyo uno lo nota y yo noté que no era mío el sueño. Y claro, creo que sería tuyo. Pero de eso hace ya tiempo. Esta noche en cambio la sensación era real, me he despertado cachondo. Erizado, como si dos manos grandes me recorrieran, me abrigaran con cuidado, me poseyeran, me chuparan y me respiraran fuerte encima. He tenido un orgasmo tuyo, creo.

Me he sentido tú toda la mañana después de ese polvo que echarías anoche. No se me ha quitado la sensación. Estaba contenta y triste. Me he duchado y a veces me sentía bien, completo, radiante, feliz, y otras melancólica, de bajón, obsoleto. No sé si debería hablar de mí en plural, porque nos siento ahora al cincuenta por ciento. Si la digestión que hago es pesada es porque has comido mal. Y creo que en cualquier momento puedo terminar siendo tú por completo, para siempre.

Ya no sé si podré despedirme de mí, si una mañana me levantaré y seré solo tú, de tanto echarte de menos. Debería, como en Memento, poner papelitos por la casa y tatuarme mierdas para recordar quién soy. Porque ahora solo soy tu recuerdo, que se hace piel y músculos en mi cuerpo y me transforma en tí.

Ya me dijo el psicólogo que era algo físico. Y tenía toda la razón. Ya no hay vuelta atrás.

Esta mañana al ir a comprar he recordado que odio las olivas con toda la fuerza de mi alma.

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